viernes, 10 de abril de 2009

Viernes Santo en el corazón y en la mesa


Para mucha gente la fecha a destacar en el calendario gastronómico anual es la Navidad. Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes son todas citas ineludibles alrededor de una buena mesa que además suele respetar una tradición familiar en el menú.
En mi casa no. En casa, cuando llegaban las Navidades tenías a mi madre como una pregonera de uno a otro de la familia preguntando qué hacía este año para tal comida o cual cena. Todas eran muy buenas, siempre se esmeraba y eran comidas dignas de la mejor mesa. Pero nunca se creó una tradición culinaria navideña.
Y, he aquí, que era llegar el Viernes Santo y mi madre, como toda su vida eso sí, se levantaba con las primeras luces del día, se metía en la cocina y se dedicaba a hacer la que para ella y para todos era la comida más sagrada del año.
La carne brillaba por su ausencia, por supuesto. Tan sólo los enfermos y los niños están exentos de ayunar (comer carne) los viernes de cuaresma, cuanto ni más el Viernes Santo.


El menú consistía en el potaje de Semana Santa, seguido del típico bacalao y merluza, más las tortillas de espárragos trigueros (cogidos por mi padre) y de patatas, para rematar con el arroz con leche y las torrijas. Todo un festín. El día que, para ayunar, comíamos más que ningún otro.
Pero guardo este día en mi corazón y seguirá ahí por siempre, así como mi respeto por la tradición.
Será bonito seguir adelante con las buenas costumbres.

Para rendir mi pequeño tributo al Viernes Santo, dejo aquí el poema más hermoso y emotivo que conozco dedicado a Jesús de Nazaret.




No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por ello de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.



(Probablemente de Santa Teresa de Jesús, siglo XVI)

9 comentarios:

Lupe dijo...

Te comento que para mi la Semana Santa nunca ha tenido importancia en mi vida, no porque mi madre no fuera creyente y llevara los rituales como cualquier cristiano.
Algo o muchas cosas han marcado mi rechazo a este tipo de dias, ¡ojo! respeto la celebración pero no la comparto.
Cierto es querida que cualquier excusa es buena para unir a seres queridos alrededor de una mesa y degustar sabrosos platos.

Mientras saboreaba el pescado,
te miraba y tú sonreias.
Cuando llegaba el postre,
te acercabas con tus manos
dulces y me acariciabas.
Ya terminada la cena,
con la mesa casi limpia
un beso en la mejilla izquierda
otro en la mejilla derecha
¡descansa y que duermas bien!.


Saludos.

mimbre dijo...

Hola Antónia...
Cada ceremonia, cada ritual, trae aparejado una serie de connotaciones ineludibles. Más siempre lamente que recordasemos al cristo de la cruz, sufriente...
El poema divino, lo recitábamos en teatro cuando haciamos "la Semanilla" con el profe Saúl Asnes
(Venapoetica.blogspot.com)
Un abrazo y Felices Pascuas¡¡¡
Osvaldo

"Soy simplemente y felizmente Tere" dijo...

Antonia, cuanto me emociona este poema, una vez cuando era chica me lo recito una monjita de la iglesia donde concurria a mi catecismo, y aun recuerdo que me hizo lagrimar, nada me ponia mas triste en el mundo que ver a Dios clavado en la cruz, me daba una pena infinita, y esta monjita que nos recita esto, fijate que despues de varios años me sigue conmoviendo.Mu amoroso de tu parte publicarlo.

Ayyy los mandatos tradicinales, yo tambien lo soy, a veces me sorprendo mucho descubriendome hacer cosas que mi madre hacia, ella se crio en un colegio de Monjas en Mar del Plata, entro de recien nacida y slio a los 18 años, con esto te quiero decir que todas las tradiciones en este sentido religioso lo herede de ella.
Divino tu post me encanto volver a leerlo, gracias por tu comentario siempre atinado en mi blog.
Besote y que tengas un lindo domingo de Pascua.
Tere.

Marina-Emer dijo...

Hola Antonia...tienes unos potajes y otros manjares de estos días riquisimossss,pero yo engordé algo y lo quiero bajar.
bueno me dices que tú apenas brabas que trabajas más con la cuartilla y la pluma...yo igual la grabadora es para la cama que me vienen rimas bonitas y ya tengo la grabadora a mano y medio dormida ya no se me olvida,me lo aconsejo mi papá que era el corrector del Diario de Tarragona,donde vivo yo,
besos
Marina

Antònia dijo...

Lupe:
Para mí es imporatnte la tradición porque es una muestra de respeto hacia mis mayores y hacia la cultura y las creencias que me inculcaron.
Para mí es una satisfacción vivirla y revivirla porque nunca me la han impuesto. Además es uno de los recuerdos más bonitos que guardo de mi madre trajinando en la cocina.
Besos!!

Marina-Emer dijo...

que bonito poema "el cielo que me tienes prometido" y que hermoso verso el que yo escojí.
UN ABRAZO ANTONIA DE
MARINA PASTOR

Antònia dijo...

Osvaldo:
Sí, la tradición es bonita, pero el trasfondo es triste.
Tú lo has dicho, es un poema divino.
Besos!!

Tere:
Yo que lo de pasar en un colegio de monjas toda la vida hasta la mayoría de edad era una cosa de las películas!
Yo descubrí este poema en un libro que siempre me acompaña:
"Las mil mejores poesías de la lengua castellana". Es uno de mis favoritos, como lo era de mi madre.
Cuando lo leí me conmovió tanto, que nunca he podido dejar de volver a él de tanto en tanto. Me parece hermosísimo!
Besos!!

Marina:
Qué curioso que todos conociéseis el poema de la infancia menos yo. Lo que está claro es que todos compartimos la emoción que nos produce.
No te preocupes por las dietas ni los kilos, un exceso de vez en cuando no deja rastro si es ocasional.
Besos!!

Espero que todos halláis pasado una Semana Santa "Divina"!!!

ONDA dijo...

Ese festín gastronómico querida amiga roza por tan exquisito y abundante con el pecado....

Qué barbaridad.
Yo a lo más que llegaba era al potaje...

Y el poema para mí tiene para mí un significado especial porque mi padre introdujo los primeros versos en un escrito sobre la muerte y lo puso como manifestación de "fe inquebrantable".

Gracias por su recuerdo

Antònia dijo...

Hola querido amigo!
La verdad es que en casa, la comida de Viernes Santo era un exceso, así como sagrada. Siempre será un día especial para mí por ese recuerdo. Tanto mi madre como mi padre disfrutaban en su preparación, pues los espárragos los cogía mi padre en el campo.
En cuanto al poema,no me extraña que tu padre lo definiese así, para mí es un tributo maravilloso a la fe y al amor a Jesús.
Me alegro de que te haya gustado.
Besos!!