jueves, 4 de julio de 2013

4 de Julio y avanzamos



Hoy no es un día especial, a no ser que seas norteamericano, lo cual no es mi caso.
Me levanto, me obligo a sonreir, y una vez lo he hecho así, la sonrisa decide instalarse en mi cara para el resto del día.
Los días que no son especiales son, en realidad, los más especiales de todos. Son esos días en que lo único que tienes que hacer es vivir, contender con la rutina, organizar tu tiempo para llegar a todos los sitios a los que quieres llegar, y de vez en cuando robarle unos minutos al día para echar un vistazo al correo, escuchar una canción, hablar un buen rato por teléfono o echarle una ojeada a la tele. Mientras, por encima de tu cabeza, el sol sigue su recorrido celeste acompañado de un azul esplendoroso o encubierto por algunos nubarrones; los árboles siguen su ciclo vital dejando brotar sus nuevas hojas o desnudándose impúdicamente y los animales urbanos o de campo que nos rodean pero que no vemos siguen comiendo, procreando y muriendo a nuestro lado.
La vida sigue. La vida se abre camino.
No es Navidad, no es Semana Santa, y aquí ni tan siquiera se celebra el 4 de Julio, pero es un día más, un día normal, de esos que echamos de menos cuando la vida nos sacude por los hombros y nos dice:
- Eh! Despierta! Que esto no va así! Te toca demostrar que puedes... que debes... y que lo vas a hacer!
Y ahí es donde comprendemos que la vida es una lucha y no un paseo, pero una lucha que merece la pena.
Y ahí es cuando viene a nuestra memoria esa frase:
"¡Qué felices eramos cuando no sabíamos que eramos felices!"

1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Cierto, a veces es necesario no saber que somos felices para que la felicidad perdure.

Saludos ;-)