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viernes, 9 de octubre de 2009

Oporto bello


Con sabor.
Hermoso.
Magnífico.
Rancio.
Acogedor.
Bello, bello, bello...
La desembocadura del Duero.
El mar.
El río.
Los viejos, viejísimos callejones, llenos de vida.
El tranvía.
Y... el vino. El Oporto. Y, además, con chocolate.
¿Se puede pedir más?
Acabo de llegar de vacaciones, y creo que se nota que me ha gustado.
Portugal tiene algo... Y me gusta volver a ese algo.
Esta vez, fuí a Oporto para conocer la ciudad, por supuesto, pero para conocer en especial la librería Lellos, un auténtico placer para los sentidos de aquellos que amamos la lectura, el arte y la belleza. Tiene abolengo. Tiene magia. Y, por supuesto, yo me pasé de peso en la maleta a causa de los libros. ¿Cómo voy a ir a Lellos y no traerme a Pessoa en castellano y en portugués? Y alguna que otra cosilla, ¡claro!

Pessoa. Uno de mis poetas favoritos. ¡Hay tanta desesperación y tanta vida en su poesía! Hay esperanza aunque se resista a ello.

Hoy estoy triste, estoy triste.
Alegre estaré mañana.
Lo que se siente consiste
en cosa que siempre es vana.

Sea lluvia, sol, pigricia,
todo influye y se transforma...
En el alma no hay justicia
ni en la sensación hay forma.

Una verdad cada día...
Un mundo por sensación...
Estoy triste. Tarde fría.
Mañana, sol y razón.





Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive.


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

(De Tabaquería)

Y yo también me sentí inspirada y escribí mi pequeña contribución.

Tierra de versos,
río de sensaciones,
Portugal bello.




Azul y blanco,
lleno de mar y vida:
aire de Oporto.

martes, 10 de febrero de 2009

Pessoa y las rosas



No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda haber.
¿Qué he de hacer con las cosas
que puede cualquier mano coger?

Sólo quiero la noche si la aurora
la diluye en azul y r
osicler.
Lo que mi alma ignora
es lo que quiere poseer.

¿Para qué?... De saberlo, nunca haría
versos para decir que no lo sé.
Siento a mi alma pobre
y fría...
¿Con qué limosna la calentaré?

(Fernando Pessoa)





¡Qué bien expresa Pessoa en este poema cómo nos complicamos la vida!
Suspiramos por algo que no llega y cuando está a nuestro lado lo sentimos nuestro por derecho. Y ya no queremos eso, lo hemos conseguido y ahora toca conseguir otra cosa. No disfrutamos lo conquistado sino la conquista en sí. Afrontar un reto y superarlo está muy bien siempre y cuando no se convierta en el único objetivo. Alimentamos nuestra angustia viviendo enganchados a la insatisfacción de nuestros deseos más irracionales.
¿Qué tal pararnos delante de una rosa y admirar su belleza exultante?
¿Qué tal disfrutar del espectáculo de la aurora sabiendo que en unas horas la noche nos envolverá inexorablemente?
¿Qué tal caminar disfrutando del camino y dar a la vida la oportunidad de sorprendernos?